El artista de origen cubano, Patricio Rodríguez, ahonda en la circunstancia existencial del sujeto postmoderno. Un sujeto que busca y halla la fe en sí mismo mientras hurga en la fe de los otros, un sujeto que se aferra a la belleza como lugar a donde debe desembarcar toda esperanza; la belleza como refugio, como país, como ciudad, como hembra seductora, como mujer dominante que embriaga, deslumbra, desliza su perfil y corta la mirada de quien la observa.
Su obra intercala ante nuestros ojos destellos del deseo de poseer un estatus de belleza ideal, o el deseo de rozar la virtud de dios en el hombre, o el deseo de colmar el deseo de una mujer, el deseo de escapar del paisaje y reinventarse su propia geografía, o el deseo de experimentar lo imposible.